Antonio Bravo y Uriel López

Nadie se ocupa de quien no se ocupa de nadie

Galería A4



TEXTO DE SALA:


Si aceptamos que la identidad es una construcción conceptual de lo que somos, será indiscutible advertir que es una manifestación de lo percibido como “Yo mismo”; pero que, en la mayoría de las veces implica una construcción sintética de lo que nosotros creemos es nuestra esencia. En este sentido, la identidad como individuo, como grupo social, como pueblo y como especie, se constituye de una serie de conceptos intangibles o inexistentes desde un punto de vista pragmático. Por ello los signos nacionales, el patrimonio o la pertenencia a un grupo no suman necesariamente a los rasgos del individuo.

Pedro Gonzales a través de Existencia Velada emprende un ejercicio de interpretación de lo que significa “ser”, como persona, como sociedad y como pueblo, de los elementos que utilizamos cotidianamente para justipreciar o significar nuestra existencia. El documento, en este sentido, la herramienta usada para dotar de validez la realidad objetiva se vuelve el pretexto para realizar una reflexión en torno a lo que significa la experiencia humana, reflexión que lleva al documento a superar su razón de ser como objeto; trasciende de su finalidad jurídica, legal o registral, a ser motivo de introversión ontológica. A partir de objetos comunes como un acta de nacimiento, un plano o una fotografía, el artista re-significa las partes que sumadas pueden o no (dependiendo la óptica del espectador), constituir un actor individual, social o colectivo.

La dilución de una silueta o filtrar una imagen diluyen también la identidad del modelo para convertirse así en metáfora colectiva, ¿Qué es eso que hace irrepetible a una persona? En todo caso, no es un acta de nacimiento, el carnet o la cédula, no son tampoco los monumentos o el patrimonio que infunden arraigo. Uno es los lugares que ha visto y la apropiación nemotécnica de lo vivido.


Vista de sala principal de galería A4