Memory Foam

Willie Gurner / 07.12.19

Galería A4


Vista de sala principal de galería A4


Vista de sala principal de galería A4



En Memory Foam las llaves son enigmas que no necesariamente están acompañadas de su solución. No hay password, hay laberinto. En una cuerda tensa entre lo ridículo y lo profundo penetramos en un mundo fantasioso donde la escala no es capricho sino operación lúdica que desplaza el cuerpo rígido de la llave a órgano invertebrado, tentáculo que negocia con la forma humana y que generan ansia. Como artilugio mágico, se torna caricaturesco cuando Willie Gurner disloca la estructura metálica propia de las llaves que usamos y nos recuerda la plasticidad de la memoria, con sus dobleces y porosidades usando espuma como material escultórico.

De esta manera la llave se comporta no sólo como cuerpo sino como verbo. Objeto síntesis de nuestra cultura. Pero sobre todo se abre la llave como pregunta, ya no es la respuesta seca del acceso, de-codifica el sistema binario de abrir-cerrar en un multiverso de posibilidades. La llave acertijo.

Crucigrama que no está interesado en darnos dirección, acierto o código, sino que invita a la exploración errática, y sin sentido único, tan esencial de nuestra propia existencia.

Memory Foam es una fábula sin moraleja que está en tensión entre el dramatismo y la caricatura. Choque escultórico entre lo duro y lo suave, entre lo pequeño y lo grande, entre el adentro y el afuera.

En este recorrido el bestiario de llaves pasa del ejercicio arqueológico futurista al circo: llaves de dos cabezas, llaves entrópicas, llaves con doble dentadura que como monstruos se comen nuestros miedos de intimidad. Llaves maestras que no abren ninguna puerta, apachurradas, descansando, inertes vivas, esperando recibir su negativo para ser activadas. Imaginando puertas inmensas. Llaves fantasma llenas de voluntad y poco entendimiento. Y más allá, y más acá.

Memory Foam hace transacción entre el artefacto íntimo de uso personal y la botarga existencial, desplaza el pequeño amuleto que cargamos todos los días a monumento efímero. Sustituye su paisaje: del lleno ambulante que baila todo el día en nuestro bolsillo espera aterrizar en un vacío que le da sentido a su existencia.

Llave entrópica que se abre a sí misma. Llave-puerta. Positiva-negativa. Llave caracol que se auto-penetra. Llaves reposo que se revelan a la inercia de la prisa del entrar y el salir. Llaves potencia. Llaves reloj que no sólo abren espacios sino tiempos otros, que rompen dimensión. Llave retícula, matemática y literaria.

Llave fósil. Fósiles de acceso. Himnos de apertura. Accetorios. Prótesis del cuerpo. Algo que cargamos desde hace mucho tiempo. Dispositivo genital. Eros de acercamiento y distancia. Códice de entrada y orto. Dientes que giran rechinando. Contraseña metálica. Confusión burbuja. Dildos de paso. Puentes ficticios. Bisagras contenidas y liberadas. Artifugio de la voluntad. Estuche de estuches. Cofre activo. Cosa viva e itinerante. Cuerpo del introducir y sacar. Coreografía intrínseca. Sustantivo siempre ejecutante.

La llave como vicio humano y objeto milenario, instrumento que nos acompaña muy de cerca en nuestra vida cotidiana, un vestigio mecánico, objeto refugio del sujeto que muta en espuma y se evapora haciendo trampas en la memoria. Llaves murciélagas.

Llave torcida, llave doble que confunde nuestra dirección; todas ellas, piezas de un rompecabezas, partes de una fábula. Animales en reposo deseosos de copular.

¿Ya ves?


Víctor del Moral